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Una experiencia americana

El Señor, tu Dios, te ha llevado como a un hijo por todo el camino” (Dt. 1,31)



Regresó de su periplo por Estados Unidos -una escapada causada por motivos pastorales fruto de su amplio apostolado de amistad y confidencia- don Alfredo Bada, sacerdote que frecuenta el Ateneo de Teología y presta su servicio en San Sebastián de los Reyes.


¡Nunca mejor dicho, SERVIR! Para SERVIR … SERVIR enseñaba San Josemaría, estamos en los días de su fiesta, y don Alfredo, buen conocedor de estas enseñanzas, no dudó en cumplir con el compromiso asumido con antiguos residentes en España, en el ámbito de la Parroquia en que trabaja que es de donde los conoce, y acude allí para celebrar con ellos “la feliz renovación de sus promesas matrimoniales” en la fecha de su aniversario y unir en Santo Matrimonio a “unos amigos de los amigos”, quienes hasta ahora eran tan solo novios.


Puede llamar la atención hacer tantos kilómetros para realizar un Sacramento, y para una celebración festiva -llamemos así- de amigos; pero es precisamente la realidad del Sacramento que iba a Bendecir, y la fiesta a celebrar lo que le motiva a cubrir esa distancia. ¡Que alegría la de sus amigos cuando le ven aterrizar en la ciudad de Orlando, en el Estado de Florida!




Se desviven con él. Quieren corresponder a sus desvelos con ellos cuando vivieron en España y acudían como buenos feligreses a la Parroquia. Aquella amistad surgida, sirvió entonces para que algunas de las personas de esa familia colaborasen como catequistas en la Parroquia. La FE aprendida de pequeños, continuada durante la estancia obligada en nuestro país, la viven ahora -esos amigos- con la ilusión y entusiasmo propios de quienes en nuevas tierras la encuentran esparcida en otras familias y comunidades cristianas. ¡Cuánto sirvió a esos amigos la amistad y escucha del sacerdote!


“Son muchos los desafíos que se presentan ante quienes comienzan a desarrollar un proyecto familiar con sentido cristiano”, expresaba en un reciente mensaje el prelado del Opus Dei, Monseñor Fernando Ocáriz, que además completaba su comentario con palabras del papa Francisco: ¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo, vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!


Gracias Padre Alfredo por haber compartido con nosotros en este sábado del Ateneo de Teología, tu experiencia Norteamericana; también porque nos ha servido a nosotros para refrescar el punto 973 del libro Camino, tantas veces leído: Esas palabras deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo … Todo eso es apostolado de la confidencia.


Nos hablaste también hoy de los nuevos amigos sacerdotes, compañeros en tierras americanas. No fue una conferencia sino una conversación entre nosotros que nos dejó -por tus labios- deseos de dar continuidad a nuestro apostolado.

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