Nuevo Taller de Apóstol
- tonovelasco
- 2 feb
- 4 Min. de lectura
El Profesor Lucas Buch compartió con una treintena de jóvenes en el Ateneo de Teología el Taller de Apóstol. Evangelizar los deseos de los jóvenes era el programa que desarrollamos: su discurso y las preguntas habidas ilustraron nuestro conocimiento.

Así como en Pentecostés el Espíritu Santo despertó y llenó de seguridad el
corazón de los apóstoles, de manera similar, podemos despertar y transmitir nosotros el mensaje del evangelio a los jóvenes que lo necesitan en una sociedad que presiona cada vez más para obtener desordenadamente placeres, honores y riquezas.
Los rasgos más relevantes, de los jóvenes nacidos entre 1995 y 2012, la llamada generación Z, son que, prácticamente, han nacido con un dispositivo de pantalla táctil en las manos, es decir, son nativos digitales y por tanto están condicionados, en su crecimiento, por esta realidad: son individualistas, tienden a madurar más lentamente y por último tienden a un pesimismo generalizado; así se aprecia. No deja de ser llamativo el incremento de la depresión mayor en EEUU de jóvenes nacidos en los años mencionados y cómo además ha coincidido con el auge del uso del smartphone y las RRSS.

Desarrollamos un esquema de cuatro grandes deseos-anhelos y los correspondientes supuestos que da el mundo en contraposición con las propuestas que podemos dar a los jóvenes desde la fe.
El primero de los cuatro anhelos es ser amados, es decir, hay una gran necesidad
de ser y sentirse valioso. El supuesto que da el mundo es la presión por ser un hombre o una mujer validados por los estándares que la sociedad impone, es decir, trabajadores incansables, éxito ilimitado, apariencia estética casi de actor o actriz, en fin, una alta autoexigencia y continuo rendimiento. Ante ello, la propuesta cristiana es que Dios nos amó primero desde siempre, sin importar lo que hagamos.
El segundo, es el deseo de comunión, es decir, de pertenecer o estar en un determinado grupo o lugar. El supuesto que da el mundo es el individualismo, ya que la dependencia se considera un fracaso vital, para muestra está lo que ocurre con el aborto de niños enfermos o la eutanasia, tal que al ser imperfectos físicamente o inútiles en su vejez, respectivamente, hay que deshacerse de ellos. Asimismo, hay una cultura de autosuficiencia y de servirse del prójimo en una transacción donde el beneficio personal prima sobre la valía humana, sin este beneficio, se produce el descarte de quien no resulte útil; la propuesta cristiana es la vida en comunidad y que seamos todos uno como el Padre y el Hijo son Uno, en un amor cristiano de fraternidad, de salir al encuentro ante quien sufre y necesita del apoyo y consuelo, compartir alegrías, en fin, una vida plena en comunión con Cristo.
El tercero es ser alguien, tener una personalidad e identidad inconfundible que pueda ser reconocida por todos. El supuesto que da el mundo es un emotivismo moral, en el que los sentimientos condicionan el comportamiento de una persona, de allí que las decisiones pueden estar influenciadas por lo que una tendencia publicitaria indique, por la carrera que esté de moda estudiar o por los lugares que estén de moda conocer; luego por otro lado hay también una necesidad de validar lo que se encuentran haciendo en tiempo real, ante lo que se conoce como un presentismo que los jóvenes a través de las redes sociales, intentan expresar en historias de 30 segundos pero que, aunque son historias, no estarán disponibles al día siguiente y por tanto habrá una imposibilidad de contar verdaderamente la historia personal marcada por decisiones trascendentales y duraderas. La propuesta cristiana es la invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias desde los tiempos de los primeros cristianos.
Esto puede hacerse de tal forma que los jóvenes más mayores, acompañen a los más chicos y les presenten modelos de vida principalmente en Cristo y luego en los santos de la iglesia, para que conociéndoles, puedan saber una manera inspirativa de crear la propia historia que imite a Cristo.
El cuarto anhelo es ayudar, principalmente dado por el deseo de querer un mundo
mejor. Sin preferencia de algún área específica, pero hay en el joven un fuete deseo de prestar ayuda. El supuesto que ofrece el mundo es que ante la fragilidad dada por la sobreprotección en la que han sido criados, ante un problema, es mejor que no intervengan, pues no sabrían como ayudar sino que por el contrario, serían un estorbo.

La propuesta cristiana es hacer justamente lo opuesto, volverles antifrágiles, permitirles que estén bajo circunstancias en las que puedan resolver problemas, pues por ejemplo, el vidrio puede romperse si se cae, pero en cambio sometido a una presión o temperatura elevada, puede fortalecerse. De manera similar podría ocurrir con los chicos, que ante dificultades que resuelvan, aprendan y salgan fortalecidos de estas; luego, esta el amor que infundió Cristo para que todos se amen unos a otros como Él los amó, sirviendo y dando todo de si, pues como bien ha dicho Santa Teresa de Jesús "Quien no vive para servir, no sirve para vivir".
Todo esto, además, presentando la vida cristiana como una gran aventura, que los jóvenes por muy frágiles que se tengan según el entorno en el que han crecido, se verán atraídos y querrán vivir la aventura que es el cristianismo, con retos y tristezas, si, pero con grandes alegrías y recompensas, principalmente una: el cielo.
Finalmente y a la luz de todo lo mencionado, decir que el papa Francisco se centraba en resaltar la importancia del entusiasmo de los jóvenes y en cómo darles un espacio para transformar ese entusiasmo en un accionar concreto para llenar los deseos de sus corazones. La esperanza debe ser transmitida a los jóvenes, presentarles que en Jesucristo se encuentra la belleza más alta para ellos, que están en un momento hermoso, estrenando la vida y la libertad.
Alejandro
Ateneo de Teología
