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La Biblioteca del Ateneo de Teología

Hace un momento entré en la Biblioteca del Ateneo. Caminé por sus pasillos y me detuve ante una estantería de libros en la que buscaba uno que me interesaba consultar: allí estaba y pude leer lo que quería.


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En la fotografía que acompaña este artículo aparece uno de los lugares de nuestra biblioteca, la verdad da gusto saber que son miles de volúmenes los que se reúnen ocupando todas las estanterías ¡más de 17.000! No es una gran biblioteca pero son ciertamente unos cuantos. El director de la Biblioteca, don Javier López, ya pidió que aumentemos el número de estanterías y en eso estamos: otros espacios ocuparán más libros en la biblioteca, nuevos volúmenes que provienen de algún legado que se nos hace u otros libros que es necesario adquirir, pues hacen falta para consulta o estudio.

 

Gracias al invento de Gutenberg la impresión de textos desde el comienzo del mundo moderno ha servido para componer bibliotecas, llenar espacios -podíamos decir- útiles para guardar la cultura que se iría forjando con el tiempo y para ilustrar el pensamiento de quienes deseaban alcanzar una formación intelectual que les había de servir para impartir clases, compartir el saber, transmitirlo … la magia de los libros transformó en verdadero cualquier relato escrito, sea cual sea su género o sus protagonistas, afirma en su libro elogio del libro de papel el profesor Antonio Barnés. Siempre da gusto atravesar una Biblioteca, husmear los espacios definidos por los contenidos de los libros que allí están colocados y, me viene al pensamiento, colocados no para decorar ese espacio sino para que sean de utilidad para la lectura, el estudio, la consulta, la investigación sobre algún tema, la elaboración de un trabajo, la redacción posterior acompañada de las citas que se han obtenido. Todos queremos saber, llegar a conocer más, desarrollar nuestra capacidad intelectual, alcanzar una sabiduría que nos sea útil para la especialidad intelectual, científica en la que nos hayamos formado y así ayudar en la formación de otras capacidades intelectuales que desean recibir de parte nuestra la sabiduría que pueden llegar a tener y que como es sabido no se puede encerrar en unos límites.

 

En el mundo contemporáneo la aparición de Internet constituye una revolución cuyas consecuencias empezamos a atisbar. Un mundo enriquecedor de cultura se nos presenta por delante permitiendo que lleguemos a todo tipo de textos sobre los que detener nuestra consulta. El ciberespacio del mundo actual lo abarca todo. Es sin duda admirable. Mi experiencia sin embargo me llevó a visitar distintas bibliotecas para recabar la información escrita y guardada sobre el autor, Pedro de Capua, en el que debía trabajar para obtener la información necesaria para mi tesis doctoral. Daba gusto encontrarse en la Biblioteca de Palacio Farnesio, la Vaticana, la de Montecasino que me sirvieron los textos abundantes para la redacción sobre la doctrina de la justificación. Es más, la tesis había de contener un texto necesario, el dedicado más propiamente a la justificación en ese autor. Era necesaria una transcripción que, aunque no estuviera muy desarrollada la informática, la pude hacer en un ordenador que ahora mismo se podría definir como un viejo dinosaurio por el desarrollo de la técnica en el mundo actual. Junto al trabajo sometido a la redacción queda ya para siempre el tiempo empleado recorriendo pasillos de bibliotecas, juntar libros, comparar distintas ediciones de unos mismos textos, consultar cuanto desconocía y necesitaba saber para una redacción final. Los textos escritos manejados en este caso te meten en la historia y te permiten tropezarte con la vida, de ahí el valor de la Biblioteca y el cuidado de los libros que es siempre una necesidad.

 

Y todo esto para decir que en nuestra Biblioteca, no será la única, faltan los siguientes libros …






 
 

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