Fátima nos acoge cada año para rezar junto a la Virgen
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Del 29 de junio al 4 de julio se desarrolló en Fátima, junto a la Ermita -Calelinha das aparições- el tradicional curso de retiro para sacerdotes, organizado por el Ateneo de Teología.

Es una cita anual que se viene cumpliendo desde hace muchos años cuando el insigne presbítero don José Luis Moreno lo organizaba con sacerdotes de Extremadura y Portugal. Ahora es don Manuel Navarro quien mantiene encendida una llama que es la continuidad de una práctica espiritual que muchos sacerdotes esperan para rezar: buscando el progreso de su vida espiritual, gastar las cuentas del Rosario junto a la Imagen protectora de la Santísima Virgen, Nuestra Señora de Fátima, y pedir por tantas intenciones que siempre se nos confían a los sacerdotes.
Algunos vinieron de muy lejos, otros de menor distancia. Al final nos reunimos 48, procedentes de: Madrid, Getafe, Cuenca, Guadalajara, Zaragoza, Barcelona, Castellón, Alicante, Murcia, Jaén, Málaga, Pontevedra, A Coruña. El viaje más largo lo hizo Hervè desde Benín. La cifra de asistentes era grande (aunque recuerdo que hace unos años llegamos a 52). Parecía que alguno no tendría plaza en nuestra Casa de Ejercicios, pero siempre esto tiene arreglo.

El sacerdote Carlos Mendiola fue -en esta ocasión- el predicador del retiro espiritual que, con gran profundidad, se centró sus reflexiones en la figura de Cristo Sacerdote, modelo de nuestro sacerdocio.
La Santísima Virgen, centro vital de este Santuario Mariano, centró el motivo de nuestros días de estancia en Fátima para guiar de inicio lo que habría de ser nuestra oración; y ello nos llevó a la reflexión sobre el pasaje del Evangelio que recoge el primer milagro de Jesús ocurrido en Caná (Jn 2, 1-11).
“Aquí venimos no para pasar el tiempo, o estar a gusto (que también) sino para enterarnos. Para enterarnos de verdad qué hace Jesucristo, en mi vida, en mi sacerdocio. Responder a la invitación es a la vez pedir disponibilidad. San Ignacio en sus ejercicios espirituales planteaba siempre en una meditación “la gracia que hay que pedir”, para indicar que hay una petición interna que dispone el corazón y que es necesario entrar en la oración y disponerse. Al fin y al cabo, es reconocer que la atracción que tenemos hacia Jesucristo es fruto de la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y dejarnos guiar por Él”.
“Fueron invitados los discípulos, dice el Evangelio. Ellos pasaron de ver algo magnífico a ver algo incomparable. Por eso nosotros venimos también aquí como discípulos. Como aquellos que quieren dejarse enseñar, que "han descubierto algo grande y quieren vivir según esa grandeza". La frase que Benedicto XVI citó en la primera visita ad limina que le hicieron los obispos de Suiza (9-XI-2006), era de San Ignacio de Antioquía: el cristianismo no es obra de persuasión sino de grandeza (Carta a los Romanos III, 3). La frase anterior hay que tener en cuenta que la decía en tiempos de persecución. Necesitamos buscar la grandeza de Dios cuando parece que el entorno es contrario. Que estamos en tiempos de prueba es patente. Y en tiempos de prueba tenemos que vivir en grandeza. No podemos simplemente encogernos. La grandeza en esta escena es enorme, el cambio de la prueba a la grandeza es total. También santa Teresa de Lisieux: «¡Qué gran misterio es nuestra grandeza en Jesús!». Tal vez, sería bueno considerar lo que era la disposición espiritual de Juan el Bautista con respecto a Jesús: «Conviene que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30)”.
Han sido unas jornadas de mucho rezar: frecuentes escapadas a la Capelinha, al Santuario, a una explanada llena siempre de fieles que motivaban nuestra oración. Pudimos celebrar varios días en la Capelinha.
Acabar es lo que más cuesta, pero había que volver a nuestras parroquias y tareas pastorales. El año próximo, si Dios quiere, volveremos, siempre vale la pena venir a Fátima.
Manuel Navarro Mederos
Ateneo de Teología
