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Estamos ya camino de Lisboa. ¡El Papa nos espera!



Acababa de estar con el obispo de la diócesis. Me comentó una audiencia “en chino” solicitada para el día siguiente. No sabía yo muy bien de qué se trataba hasta que llegué al lugar don resido durante los días de mi estancia en Cuenca cuando acudo para encontrarme con sacerdotes de esa diócesis que se reúnen conmigo para tener el Círculo, tan propio, como medio de formación en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Otros sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei, al igual que yo, habían llegado a Cuenca con 40 chicos de Hong Kong, camino de Lisboa, para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud. ¡Que cosa más lógica me dije! Si quieres ir a Portugal desde China pasa por Cuenca ¡qué mejor lugar puede haber!


El Papa nos espera en Lisboa. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) es un encuentro de jóvenes de todo el mundo con el Papa Francisco ahora. Ademas es una peregrinación, una fiesta de la juventud, una expresión de la Iglesia universal y un fuerte momento de evangelización del mundo juvenil. Se presenta como una invitación a una generación determinada en construir un mundo más justo y solidario. A pesar de su identidad claramente católica, está abierta a todos, tanto a los más cercanos a la Iglesia, como a los más distanciados.


Pretende proporcionar a todos los participantes una experiencia de Iglesia universal, fomentando el encuentro personal con Jesucristo. ¡Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo! Nos enseñaba San Josemaría Escrivá, esta es la realidad de estos días como los de Lisboa.Es un nuevo impulso a la fe, a la esperanza y a la caridad de toda la comunidad del país de acogida. Teniendo como protagonistas a los jóvenes, la Jornada Mundial de la Juventud busca, también, promover la paz, la unión y la fraternidad entre los pueblos y las naciones de todo el mundo.


De Cuenca salió un buen grupo de jóvenes. Yo me quedé rezagado pero también acudo con jóvenes seminaristas y candidatos que esperan encontrar una luz de Dios para seguir su camino. Me alegró mucho encontrarme con este numeroso grupo de chinos: por una noche íbamos a compartir residencia en el Centro Cultural Greda de esta ciudad. Parecía que lo habían hecho más veces, extendieron colchonetas en el suelo, saco de dormir y hasta mañana. ¡Muy respetuosos saludaban con reverencia! ¡Qué mundo más genial pensaba! Aún tuve tiempo para preguntar por Harry Wong y por Stephen Lee con quienes coincidí en Roma estudiando en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y con los que recibí la ordenación sacerdotal en la Prelatura. ¡Qué ilusión saber otra vez de ellos! Y comprendí la audiencia del Obispo al día siguiente! ¡Qué grande es Cuenca! ¡Única! Y de verdad.


José Ignacio Varela. Director del Ateneo de Teología.

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