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Entre las prácticas cuaresmales destaca el ejercicio de la caridad

  • hace 2 días
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“Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda” (Mateo, 5. 20-26).




Es uno de los pasajes del Evangelio que en estos días hemos leído celebrando la Santa Misa. Al recordarlo pensaba cómo a veces somos los mismos sacerdotes los que olvidamos la ofensa a los demás o que, con un hermano mío también sacerdote hay algo que me separa, quizá y sólo porque no estamos de acuerdo en cuestiones incluso -llamemos así- de Iglesia. El mismo Jesucristo nos advierte de esta singularidad que puede ser perfectamente cierta y darse en alguno. Nos viene a decir: ve primero y ponte de acuerdo con tu hermano antes de “presentar la ofrenda”, antes de subir, tan decidido como pareces, al Altar para celebrar la Eucaristía. Es cierto ver cómo algunos de nuestros hermanos sacerdotes, nosotros mismos, cada uno, nos arrogamos ser poseedores de la Verdad: ¡yo tengo razón!, venimos a decir en el fondo.


Este pensamiento que desarrollo, me recordó un consejo de Papa Francisco. Con frecuencia nos decía que debíamos tener presentes estas tres palabras que él mismo indicaba con tres dedos: permiso, gracias, perdón. Nos viene bien saber que no tenemos la verdad en grado absoluto, ni mucho menos. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan, 14. 6), sólo Uno lo ha podido decir. Debemos mirar a los demás, quienes conviven con nosotros, quienes tenemos cerca, con los que nos relacionamos, respetando espacios, tiempos, opiniones, procesos; tener presente que no todo gira en torno a nuestra voluntad. Aprender a construir vínculos sanos.


En esta reflexión me encontraba cuando recordé a san Josemaría y unas palabras suyas guardadas en Es Cristo que Pasa (n. 58) en que nos dice: «Hace falta, sin duda, una nueva mudanza, una lealtad más plena, una humildad más profunda, de modo que, disminuyendo nuestro egoísmo, crezca Cristo en nosotros, ya que illum oportet crescere, me autem minui, hace falta que él crezca y que yo disminuya».


Esto supone un ejercicio nada fácil de someterse uno … nada fácil de realizar. Sin embargo, cara a esta Cuaresma, el Papa León XIV nos sugiere estas prácticas cuaresmales: «Esforcémonos (…) por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz» (Mensaje para la Cuaresma 2026).


Hermanos sacerdotes, respetémonos, respetemos a los demás, busquemos ser

instrumentos de comunión para asemejarnos a la Verdad que sólo Uno la posee y le pertenece como propio de su Naturaleza Divina.


José Ignacio Varela. Centro de Encuentros Sacerdotales



 
 

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