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El alcance que puede tener una foto

Este verano, en agosto, tuve la ocasión de saludar y compartir mesa con el Cardenal Pizzaballa, Patriarca de Jerusalén. Estuvo en la ciudad conquense de San Clemente. Había acudido a la celebración del 400 aniversario de Presencia Franciscana en ese lugar y allí presidió una Solemne Eucaristía en la Iglesia de los Franciscanos (rehabilitada recientemente), aneja al convento.



La presencia del Arzobispo -aún no había recibido el capelo cardenalicio- constituía sin duda todo un acontecimiento. Se preparó un intenso programa con el fin de sacar el máximo a su estancia entre nosotros y vivimos una jornada muy agradable, en la que no faltaron muchas muestras de amable bienvenida y las naturales fotografías que guardarían un recuerdo para la historia.


Como todos los presentes en los distintos actos jamás pensamos que aquellas fotos que hacíamos, ahora al verlas, nos permitirían sí un recuerdo y a la vez un sesgo de tristeza por la situación conflictiva que sufre Israel, donde el Cardenal Pierbattista Pizzaballa desarrolla su acción pastoral.


Hoy justo me asomó a la cara un gesto de admiración al leer unas palabras suyas en las que se ofrecía, como rehén, a Hamás, a cambio de niños rehenes: “estoy listo para un intercambio”: ¡Qué hombría de bien! ¡Qué alcance sobrenatural tan elevado!, pensé enseguida. Del ambiente festivo de San Clemente habíamos pasado a esta situación de verdadera pena y dolor que produce siempre un enfrentamiento bélico.

La Iglesia está ahí, presente. Como leí hoy mismo vive su compromiso de custodia de los Santos Lugares que un día pisaron los pies de Jesús y de María. “En este lugar el Señor ha resucitado”, recuerdan y afirman. Franciscanos y benedictinos continúan abriendo cada día las puertas de los lugares santos a pesar del peligro y han intensificado su actividad y oración. A distancia, muchos nos sumamos a la petición del Patriarca de Jerusalén, hecha hace días, y vivimos una jornada de oración y de ayuno suplicando así al Altísimo nos conceda el fin del conflicto que se ha producido. ¡Dios nos conceda la paz!




Justo ese día, a las 07:30h, sonaron las Campanas de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. En la Misa diaria se recordó que se celebraba esa Eucaristía respondiendo a la llamada del Patriarca latino de Jerusalén y del Santo Padre, en el lugar en el que el Señor ha resucitado. Ha vencido al mundo. Ya no debemos tener miedo; sin embargo, debemos rezar por todas las personas de este mundo que sufren y tienen la angustia de cuál puede ser su mañana. Imploramos la paz.


Un amigo que dejé hace años en Belén -Daniel- me escribe: estamos bien (tanto él como su mujer e hijos), pero la verdad padre la situación está muy difícil. Reza por nosotros y que termine esta guerra pronto.


Me uní entonces a unas palabras que había leído de Monseñor Ocáriz, Prelado del Opus Dei, con las que transmitía su deseo de una pronta resolución al conflicto surgido. Pedía que estuviéramos todos unidos en la oración y rogaba de modo especial al Señor por todos los afectados, los difuntos y sus familias.


Lejos ya, aunque no en el tiempo, aquellos momentos alegres en San Clemente, ahora el Cardenal Pizzaballa, en medio de la amargura de una guerra, pide que apoyemos con una oración insistente, constante y humilde dirigiéndonos al Padre de la Misericordia.


José Ignacio Varela

Director del Ateneo de Teología

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