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Anacronismos

  • hace 3 días
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Estamos celebrando los noventa años de las elecciones de febrero del 36 y nada mejor para recordarlo que dedicar un seminario de profesores de historia de la Iglesia en el Ateneo de Teología de Madrid, a la figura de Manuel Azaña (1880-1940) quien fuera el presidente de la Segunda República desde el 11 de mayo de 1936 hasta el 27 de febrero del 1939.



La ponencia ha corrido a cargo de la profesora Lola Esteban, Titular de la Universidad Francisco de Vitoria, quien ha dedicado su extensa y documentada sesión a exponer la visión del estadista Manuel Azaña desde los ojos de la que fuera su esposa, Lola Rivas Cherif (1904-1993).


Tanto en la conferencia de la profesora Esteban como en el largo debate posterior que hemos sostenido entre los profesores presentes, se ha dedicado mucho tiempo a recordar los hechos más importantes del momento, las necesarias coordenadas históricas, para poder interpretar correctamente la visión acerca del Presidente Manuel Azaña y no caer en anacronismos.


Una de las aportaciones de la profesora Esteban ha sido la fe de Lola Azaña y su influencia en la evolución de Manuel Azaña desde que la conoció hasta el momento de su muerte. En primer lugar, ha glosado las palabras de la propia Lola Azaña en sus escritos y de palabra cuando afirmaba que en realidad lo único que pretendía su marido en el plano político e institucional era la separación y respeto mutuo de la Iglesia y del Estado. En el plano personal ha explicado lo que se conocen bien los últimos momentos de la vida de Manuel Azaña y las conversaciones que sostuvo con Mons Theas obispo de Montauban antes de fallecer (55).



Enseguida, se han repasado los necesarios argumentos de peso para poder llevarnos cada uno una mejor aproximación histórica a lo que se ha venido llamando “la tercera España” que ha quedado definida a lo largo del seminario, como la que quería vivir en convivencia democrática, respetando los valores y aportaciones de los demás con el deseo de trabajar juntos por un bien común.


En ese sentido, las largas cartas cruzadas entre Lola Azaña y el secretario de Manuel Azaña muestran cómo el deseo de Azaña, en los años previos a su muerte fueron los expresados en el famoso discurso del Presidente de la Segunda República pronunciado el 18 de julio de 1938 cuando pidió públicamente: “Paz, piedad y perdón” (10).


También la profesora Esteban ha ido explicando algunos rasgos de la vida matrimonial de los Azaña, cómo estaban muy unidos, cómo Lola Rivas Cherif fue muchas veces soporte anímico de su marido, su presencia en actos oficiales, en los diversos traslados de la jefatura del Estado desde el comienzo de la guerra civil, y finalmente en el exilio y hasta el momento de la muerte (32-60).


José Carlos Martín de la Hoz


María Dolores Esteban Cerezo, Lola Rivas Cherif, La mujer fuerte del presidente de la República, Dykinson, Madrid 2025, 73 pp.

 
 

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