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José María Hernández Garnica: un intercesor en el cielo

El pasado 19 de febrero, en la parroquia de Santa María Magdalena de Madrid, se celebró una solemne misa concelebrada en sufragio del alma de don José María Hernández Garnica (Madrid 13 de noviembre de 1913-Barcelona 7 de diciembre de 1972) con motivo del cincuenta aniversario del fallecimiento.


La solemne eucaristía había sido convocada por el Postulador diocesano de la Causa de beatificación del Siervo de Dios Don José María Hernández Garnica, sacerdote del Opus Dei y el párroco de la parroquia, D. José Miguel Granados Temes, sobrino segundo de don José María.


A la Santa Misa acudieron muchos familiares de don José María, fieles devotos del Siervo de Dios y fieles del Opus Dei a quienes les había llegado la noticia. Entre los presentes había personas que lo conocieron y trataron y otros a quienes les había llegado el ejemplo de su vida y, especialmente, la fama de intercesor.


Indudablemente la celebración eucarística y, posteriormente, el saludo y encuentro de los asistentes en el amplio espacio de los exteriores de la parroquia fue un momento de intensa alegría.


En la homilía se recordó a los asistentes, en primer lugar, la llamada universal a la santidad expresada por el Concilio Vaticano II en el capítulo V de la Constitución Dogmática Lumen Gentium, que precisamente era el tema central en los textos de la liturgia del VII domingo del tiempo ordinario.


Precisamente don José María Hernández Garnica, primero como ingeniero de minas que trabajó en la empresa Electra que abastecía de energía a la gran urbe de Madrid y, posteriormente como sacerdote busco la santidad en el ejerció intenso de sus obligaciones como cristiano en medio del mundo.


Finalmente, fue enviado por el Fundador del Opus Dei que le conocía muy bien y confiaba plenamente en él, a recorrer todos los países de Europa tanto para comenzar el trabajo apostólico del Opus Dei como para ensancharlo y vivificarlo desde 1957 hasta su muerte en Barcelona tras un doloroso cáncer de laringe del que falleció como fama de santidad.


Asimismo, se recordó la importancia de la Comunión de los santos para acudir a Dios y suplicarle por todas nuestras necesidades materiales y espirituales. De hecho, las estampas que se habían llevado a la celebración y que estaban disponibles a la salida del acto desaparecieron rápidamente. Así pues, el dogma de la comunión de los santos que toda la Iglesia recita en la eucaristía dominical nos recuerda que los santos son modelos e intercesores del pueblo de Dios. Es decir, amigos de Dios y de los hombres. Además, todos estamos necesitados de humildad para pedir con fe a Dios a través de los santos.


Indudablemente tendremos que acudir especialmente a quienes están proceso de beatificación como don José María Hernández Garnica, y escribir los favores que obtengamos por su intercesión pues ese es realmente el motor de toda causa de canonización.


José Carlos Martín de la Hoz

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