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El Ateneo de Teología se une a las celebraciones del mes misionero

El padre Esteban Aranaz, incardinado en la diócesis de Tarazona, es misionero en Shanghái (China) desde el año 2002. Ya desde niño tenía claro lo que quería ser: sacerdote de Jesucristo. En su intervención nos ha hablado de la importancia de la vocación en la vida de todo hombre. Así, conocer lo que Dios quiere de nosotros es clave para alcanzar la felicidad.



Después de unos años ejerciendo su ministerio en el ámbito rural y tras entablar amistad con un joven chino, despertó en él un profundo interés por la cultura china. Fue esta atracción por China unida a un gran celo apostólico lo que le llevó a solicitar a su obispo ser misionero en esas tierras.


De manera distendida, nos ha contado muchas de las experiencias que vivió durante sus años de misión. El trato con la gente de la calle, la constante administración de sacramentos y la predicación infatigable del Evangelio han vertebrado su actividad en una tierra a la que ama. Cabe destacar, especialmente, su labor en la formación de jóvenes y sacerdotes del lugar, así como en la atención de la ferviente comunidad cristiana de Shanghái. En su vida cotidiana, el padre Esteban se ha topado no solamente con las dificultades propias del misionero en tierra extranjera, sino también con la persecución de la policía local. Sin embargo, también se ha encontrado con la amabilidad de muchas personas y la apertura de muchos no creyentes a recibir la verdad.


Para concluir, estando en vísperas del Domund el padre Esteban también nos ha recordado la llamada a la misión de todo cristiano. Comunicar la fe y acercar a los demás a Dios es tarea de todo bautizado. Finalmente, nos ha pedido oraciones por la misión en China.

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