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El inusitado detalle del belén iluminado de la Puerta de Alcalá que puede apreciarse en San José

Pocos modelos varoniles pueden ser más “tradicionales” que el del santo.

DAVID TORRIJOS / PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD SAN DÁMASO



Desde la Navidad de 2019 varios lugares emblemáticos de Madrid, entre los cuales destaca la Puerta de Alcalá, están decorados con un Belén luminoso en que se reconoce al Niño, a la Virgen y a San José. Lo más llamativo de estas figuras es que el diseñador ha tenido a bien añadir, a las siluetas de los miembros de la Sagrada Familia, unas lucecillas coloradas para señalar sus tres corazones. Un detalle bastante inusitado, no sólo porque es poco habitual combinar la iconografía del Nacimiento con la de los «Sagrados Corazones», sino sobre todo porque la representación del «corazón de san José» no tiene gran difusión. ¿Qué significa ese corazón? Es un signo del amor de ese varón que entregó su vida para amparar a un Niño que sería conocido como el Salvador del mundo. No obstante, de acuerdo con las sólitas descripciones de lo que se ha dado en llamar «masculinidad tradicional», la restricción de los afectos sería uno de sus rasgos característicos.


Ahora bien, pocos modelos varoniles pueden ser más «tradicionales» que el de san José. Sin embargo, frente a aquel esbozo estereotipado de la virilidad, encontramos en esta figura varios rasgos interesantes. Lejos de destacar por la agresividad y la violencia, José protege y cuida. No desempeña un papel avasallador y dominante, sino que cede todo el protagonismo a la mujer y al niño. Basta reflexionar brevemente sobre ello, para advertir que el cristianismo ha exhibido «modelos de masculinidad» que se ajustan poco a la configuración del varón que presuntamente nuestra tradición habría arrastrado.

El propio Jesús, educado por san José, se muestra viril en su fortaleza y en su ternura, mostrándose implacable con los altivos y sencillo con los humildes. Su nacimiento en medio de la persecución y la indigencia y su injusto ajusticiamiento revelan una grandeza demasiado sublime para las aspiraciones de los ambiciosos. En definitiva, el cristianismo no se revela sólo inspirador para el sexo femenino, sino que todos pueden imitar a un Dios que «manifiesta su omnipotencia sobre todo al perdonar y tener misericordia».

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